Parábola de la segregación moderna

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“Angosta es una ciudad imaginaria que cada día se parece más a las ciudades de Latinoamérica, pero es una ciudad que se parece también cada vez más al mundo. Para moverse por Angosta hay que tener salvoconductos que se otorgan dependiendo del tamaño de la cuenta bancaria. Y la visa te la dan únicamente si demuestras que no la necesitas. Antes había muros, como el de Berlín, para que la gente no saliera. Ahora los muros son para que la gente no entre. Y Angosta habla de esos y otros muros.” Hector Abad Faciolince.

Angosta es más que un espacio físico en el que se desarrollan acontecimientos, es la construcción metafórica de las diferencias entre las clases sociales existentes, en donde los más adinerados quieren permanecer en aquel pedestal, evitando que su población crezca sin control, utilizando incluso la violencia.

Esto confluye en la “política de apartamiento” dirigida por los “Siete Sabios” de la ciudad, hombres poderosos que tienen en sus manos la vida o la muerte de los demás habitantes, este es el símbolo de lo que vemos en que unos pocos tienen un poder que articula y define los otros poderes en el estado y monopolizan la política. Esta situación evidencia los alcances de la exclusión y la violencia, las mismas que hacen parte de la vida cotidiana en nuestro país y en Latinoamérica.

Los limites infranqueables que supone la ciudad, hacen visible la exclusión. Estos encierros y muros que se erigen para generar diferenciación de una clase a otra, generan pensamientos bélicos, en los cuales los que son excluidos se desean manifestar de alguna manera, y la que esta mas a la mano de cualquier ser humano es la violencia, entonces esta es usada para señalar el inconformismo social desde el individuo, ya que no puede cuidar su ser, y en Angosta cada quien quiere lanzar su propio grito de dolor.

Los que viven en tierra caliente, representan “la pasión” y “el fervor”, la efervescencia de los sentimientos, que sesga su posibilidad de razonar su entorno, en el que la violencia ha plantado su trono, precisamente porque es visceral, la violencia en acto no necesita las mentes brillantes de estos seres con la mínima capacidad de adquisición, por esto los que manejan el poder político necesitan de una alta temperatura que genere fiebre, con ello alucinaciones y perdida de una mirada objtiva, que produzca delirio descontrol de los sentidos entre ellos mismos, para tener un control de estos seres que con cualquier muestra de bienestar se rinden a los pies del poder político dominante.

Los segundones o tibios al estar en una aspiración constante por subir a otra zona, sus sentimientos se ven polarizados un tanto por lo que aspiran, otro por la fuerza de gravedad que los hala hacia la tierra, hacia el estado deplorable de su humanidad, Al trabajar en el sektor F la violencia los afecta mas, porque ya no es solamente una ilusión el estar en el lugar deseado, si no que se pasean por esta tierra con dolor de no poder permanecer mas es esta.

Y los del sektor F que disfrutan de una realización en algunos casos ficticia en la que no pueden desarrollar el verdadero sentido de su existencia.

Los límites de Angosta no sólo se enfatizan entre los territorios de Tierra Fría, Tierra Templada y Tierra Caliente, sino también en las relaciones o comportamientos de los individuos. Cada grupo social comparte un estilo de vida, legitimado por cada uno de sus miembros; así, el don se reconoce por la imitación del comportamiento urbano, según los modelos europeos y norteamericanos; el segundón por su deseo permanente de consumir, sin tener en cuenta que las necesidades básicas ya han sido satisfechas; e igualmente, el tercerón por su anhelo de olvidar el hambre y la miseria que lo agobian.

En Angosta la alegoría a los pisos térmicos también hace referencia a los sentimientos, si se habla de climas, los de tierra fría muestran lo que representa aspiración y visiones de mundo en clase alta, al aspirar una vida europea, la indiferencia es frívola. Los de Tierra Templada representan la indeterminación de una realización de vida. Los de Tierra Fría son los que aprovechan mas su entorno, antes de desembocar en un estado de desesperación por su impotencia de llegar a un estado de satisfacción personal que permanezca mas y no sea momentáneo.

Las relaciones entre uno y otro sektor se simplifican al mero condicionamiento económico, no existe ninguna otra razón de acercamiento.

Las políticas neo-liberales mal implantadas en Angosta, no corresponden con la historia y la visión de mundo de sus fundadores, si no que el camino que toma esta ciudad al excluir orígenes étnicos religiosos o familiares, se impone un nuevo parámetro desde el cual se define al ser humano, el dinero como forma omnipresente y determinante absoluto del concepto de humanidad, entonces la dureza de este mundo modifica los comportamientos de los individuos, en el que el único sentido que tiene la existencia es el de conseguir la mayor cantidad de dinero posible, para poder realizar un escape no solo de lo que encierran esas fronteras físicas, que han sido impuestas por la manera en que la violencia se consolida en una expresión unánime de inconformismo social, si no también de aquellas de las cuales no permiten que los individuos de una sociedad se realicen como personas productivas de su entorno, por ende felices.

Por lo anterior, se puede afirmar que esta novela es la denuncia de Hector Abad, frente a lo que refleja muchas fisuras de la democracia y algunos imaginarios colectivos contemporáneos, por ello es muy verosímil cuando Santiago Gamboa, la considera una metáfora del conflicto actual en Colombia, en donde hay una memoria perdida y en el mejor de los casos rota.

“Angosta es una novela política, y eso está muy pasado de moda; en ese sentido no tengo esperanzas de que me presten atención. Angosta es una novela con una carga erótica, y quizá por ese camino encuentre más lectores. Angosta pretende ser un retrato angustioso de eso en lo que se está convirtiendo el mundo de hoy. Yo espero que haya lectores que así lo entiendan.” Hector Abad Faciolince

REFERENCIAS

Angosta, Hector Abad

Disponible en la web del periódico el Tiempo

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