La Filosofía en Pedro Abelardo

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Pedro Abelardo aborda la filosofía desde el raciocinio y ante todo en la pertinencia de el por qué filosofar a partir de la dialéctica del discurso mismo y de la conversación que en Abelardo se daría a partir de la interacción maestro – alumno, la reflexión del alma y el reconocimiento del pecado, y de los vicios del alma que nublan la razón del filosofo. Por otro lado, propone no solo una filosofía en la dialéctica, si no una nueva forma de concebir la pedagogía del siglo XII a partir de los debates y los juicios lógicos, con un planteamiento formal que es lo que la filosofía exige a pesar de las posibilidades de reformulación de sí misma; a partir de este punto es pertinente denotar que la filosofía enseñada en el medio evo es reconocida y aun sobresale por la propedéutica formulada por Abelardo a través de sus conversatorios y del habla de la experiencia misma, de la razón del ser y del ser concebido desde la fe, la discusión de la realidad y la concepción de la fe, en el sustento y la complementación de las dos alternativas.

En base a estas discusiones de la fe y la realidad, la postura Abelardo concibe el problema de los universales, como aquellos que permiten concebir, conceptualizar y significar la realidad, mientras que por otro lado, su maestro Roselino y Guillermo de Champeaux plantean que los universales es solo un nombre que se le da a los conceptos de la realidad; es así, que la concepción de la moral estaría implicada en la concepción y en el significado de los universales, de su trascendencia en la razón y en el alma. Por lo cual la moral estaría sujeta a las vivencias en cuanto se presentan, para poder indagar sobre el pecado desde el punto de voluntad o no voluntad (actuar mal) del ser, y desde los vicios del alma, como lo que hacemos o dejamos de hacer por concepción de fe y de reconocimiento de las voluntades.

Podemos observar que en la filosofía de la edad media se da una distinción, entre la concepción de la fe y de la razón, que se ven expuestos en sus conversatorios y en los distintos argumentos sustentados en las formalizaciones dialécticas.

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EL PECADO

El pecado tomado como un concepto ambiguo debido a que su concepto nos lleva a lo que se hace o se deja de hacer para el agrado o no agrado de Dios, y entendido como el acto que se comete con antecedente de conocimiento de que se está cometiendo un error contra lo que el alma percibe como el obrar bien, lo veremos reflejado en las concepciones que se tratan a partir de las vivencias más que de una concepción religiosa.

Aunque se intente pensar el pecado como un acto equivocado, por su conexión religiosa resultaría un poco complejo debido a que sería necesario remontarse a lo que es agradable y no agradable a dios como se ha mencionado anteriormente, sin embargo se podría tomar desde la moral y de la conducta humana, donde este seria algo inevitable, pues desde la perspectiva de acto humano se vería como un falla en la razón y no en los actos divinos, se vería un pecado filosófico ya que atentaríamos contra nuestra propia razón ; pero desde este punto sería un error y no la condena del alma por faltar a una ley divina, si no que como error permitiría la reflexión del acto mismo y la interiorización de este mismo para reconocer en qué punto fue cometida la falta (el pecado), pero por otra parte estos actos fuera de la concepción de la ley divina no llevarían al punto de contextualizarla en las leyes de la sociedad pues si nuestro obrar mal atenta contra la integridad o la moral de otra ´persona, seria de igual manera no una condena del alama pero si una condena de la razón misma. Por lo cual estaría denotado que si el pecado cometido atenta contra otro uno solo con mi ser ya deberá de ser sometido a juicios y si atenta solo contra mi ser sería sometido a nuestros propios juicios de valor.

Es así pues que si el pecado es visto como el acto que es agradable o no a Dios desde la concepción religiosa que es el punto que no nos interesa someterle a juicio por su complejidad, si no el pecado como un acto equivoco que puede afectar a un ser el que lo realiza o a los que se afecta; seria así pues necesario reconocer y cuestionar en qué punto estos actos son sometidos a una moral individual y a una moral colectiva, entonces se atentaría contra las leyes, lo cual también seria equivoco así este sea cometido involuntariamente por lo cual se puede ver que o bien hay castigo divino o hay castigo en la razón y en el reconocimiento de los pecado o del los malos actos.

Robado el cielo

Comparando los conocimientos adquiridos en clase y el filme propuesto, hay una relación que podría ser sutil ante una vista desprevenida como la mía. Aquí se esta presentando nuevamente la idea de deseo como punto medio de un ciclo sin fin, de lo que aparece como inalcanzable, pero en este caso se presenta como relación amorosa, instintiva-sexual por no definir animal. Se observa, como el deseo mantiene el impulso sexual entre los protagonistas manteniendo algo de sensualidad que se muestra como pasión, que no se agota, si no solamente ante las exigencias sociales, esto hace que los impulsos vayan tomando otro rumbo, esto para no perder el estado medio de deseo en el que se presentan, entonces esto hace que el amor sea una fuente transformadora de la persona que se quiere y allí empiezan a querer tener semejanzas.
En este aspecto la historia de Abelardo y Eloísa es representativa, en lo que es el punto medio, o deseo, porque debido a la castración sufrida, Abelardo se siente libre de su ardiente pasión, pero sigue amando a Eloísa, pero entonces el se asombra de que ella no quiera renunciar a ese amor, que ella convierte en pasión, señala el filósofo Etienne Gilson.
“Abelardo en su correspondencia se esfuerza en demostrarle que su amor, no menos ardiente e intenso que antes, debe ser completamente diferente. Eloísa es joven, está llena de vida y sufre atrozmente en su intento de transfigurar su amor. Leyendo sus cartas vemos que acepta amar a Abelardo como si fuese Dios; en vez de amar a Dios por Abelardo, una forma de amar a Abelardo contra Dios para llegar a la esencia de la sublimación: el amor puro”
Así la pasión permanece como objeto presente, y el amor como sujeto ausente, pero estos dos permanecen en una distancia constante, definiéndose siempre como sujeto presente, pero a la vez ausente.

Es por esta acción inconsciente que el amor se interioriza, y al sumergir el objeto sexual en las tinieblas íntimas se alcanza el desdoblamiento de la conciencia, De esta experiencia de la sublimación amorosa deduce Abelardo, en su obra Scito te ipsum (Conócete a ti mismo), que el amor es renunciar a toda apropiación gozosa del deseo y sólo se busca en sí mismo la recompensa. Luego, es por la intención misma que se justifica el amor-pasión y si se vive con un sentimiento puro, que será completamente inocente. Es la gran verdad teológica que le enseñó Eloísa a Abelardo, primero como amante y más tarde esposa lejana e ideal, lo amó siempre sin esperar nada de él.

Experiencias como estas marcan la vida de los hombres y denota otro tema ya visto, la situación límite ya que se ve presionado el actuar y el razonar por la mismas vivencias y experiencias a las que son sometidos los protagonistas de la película, el reconocimiento de si mismos, el reconocimiento de sus juicios de valor, y el reconocimiento de sus pecados, de sus malos actuares.

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