Después de la bancarrota. Sobre la necesidad de un orden internacional | Entrevista a Jürgen Habermas

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Desde hace algún tiempo, nos empezamos a dar cuenta de cómo la realidad económica mundial el afecta modo y el entorno en el que cada persona en la superficie planetaria se encuentra. Así pues en los países subdesarrollados las políticas económicas vienen en calque y forzosa adopción de los mercados mundiales dominantes.

Está entrevista en donde Habermas comparte sus apreciaciones de la política internacional en el momento previo a las elecciones presidenciales estadounidenses, nos muestra un panorama de crisis que venía en camino desde antes el 9/11 y hoy día, vemos que las medidas para tratar de solucionar esta crisis no han tenido los resultados esperados. Es así como Habermas nos da sus apreciaciones de lo que sería un nuevo orden de política internacional.

Hay una preocupación por la crisis mundial, ya que se está acentuando cada vez más una repartición inequitativa del capital en el mundo, en el que todos los sectores económicos y políticos tiene relación directa, porque está es la forma en la que el capitalismo se está manifestando de forma negativa, ya que pareciera que las leyes que se hicieron para proteger el bien común ahora están velando por el bien particular de las corporaciones. El autor referencia que en el momento de la entrevista en alemania sucede lo contrario en cuanto se da prioridad a las políticas de bien común que deben estar sobre las generales.

Con estas políticas, los países en crisis se han estado debilitando debido a la aplicación de estas leyes en las que la democracia se ve debilitada por un capitalismo que no cuenta con la suficiente regulación, entonces pareciera que las corporaciones están en control también de lo que es público.

Está perdida de terreno de los estados frente a las corporaciones se viene dando porque estas vienen implantando necesidades en las cultura y vida cotidiana de las personas; sin darse cuenta el estado debe abrir mercados que antes no existían y que las corporaciones desde ese momento de apertura toman su control total. En otros casos cuando el estado pierde el control sobre sus propios activos, decide privatizar sin pensar en que debería haber una armonía de los principios igualitarios de los beneficios y termina regalando lo que antes era público.

Uno de los problemas en está clase de decisiones tiene que ver con las personas que las toman, ya que no son conscientes de las consecuencias a largo plazo de estas decisiones; ya que hay ámbitos económicos vitales y vulnerables que no se pueden poner en riesgo (está el caso de Bolivia en la que se privatizó hasta el agua que caía del cielo). Para solucionar en parte esto se necesita un mayor flujo de información entre lo que hacen las personas que toman las decisiones en el estado, pero este flujo de información no debe estar influenciado por las corporaciones que en sí implican algún tipo de consumo y ganancia particular. El modelo socioeconómico capitalista no es el problema, además de que no podemos escapar de él. El problema es la legitimación que le damos y a quien se la damos, ¿quien tiene las responsabilidades en caso de fallas? Es importante que el estado no pierda su carácter protector de lo público, porque se está convirtiendo en una gran empresa fría e inhumana.

Esto aplicado a las políticas globales es lo que se ha condensado en la crisis económica mundial, ya que el capital se está concentrando en las grandes potencias para las que ahora no es suficiente la concentración de su propia riqueza, necesitando poner más en la balanza de su lado que en la de los que menos tienen. Ese el problema de no tener en cuenta a todos los actores que afecta la crisis mundial, ya que se pierden las prioridades y por dar soluciones a unas problemáticas se da paso para que los terceros tomen control de algo que antes era público.

Está idea neoliberalista de la economía entonces nos empieza trazar una nueva relación entre el estado y la población y más aún entre nosotros mismos como seres humanos, en el que un lado es tratado como empresa y el otro cliente. Y el problema es que está idea de desarrollo de economía liberal está viciada por la idea del darwinismo social que llevada a la aplicación dentro del capitalismo ha ahondado los problemas que tiene al mundo en crisis.

Y es que el capital empezó a liberar todo lo que es de algún modo rentable, en los que la academia por la misma necesidad de permanecer vigente se polariza hacia el franco en donde el capital es más fuerte que los mismos estados. Esa idea de que el conocimiento era algo para el bien común se perdió, así como la idea de democracia que traía el capitalismo desde sus inicios que se convirtió en un elemento de coordinación para la implantación de mercados con beneficios particulares de escala global. Lo público y lo privado pueden trabajar de la mano y ambas pueden ser de beneficios para las partes, pero se necesitan regulaciones que permitan responsabilidades de actos y sean rigurosos con los intereses generales de las poblaciones.

Así pues, viendo los problemas que se han estado generando por las decisiones del pasado, podríamos pensar en un nuevo orden mundial en el que se pueda disfrutar de los beneficios de las corporaciones, de los productos y mercados internacionales sin afectar el bienestar general de la población mundial. Entrando en un ámbito en el que aunque no pensemos o habitemos el mismo territorio, estemos conscientes de que en esencia somos iguales con las mismas capacidades de producción y consumo.

Esto sería fácil, si la coordinación entre las naciones para tomar acciones contundentes para la verificación de las políticas desiguales tomara un rumbo serio no viciado por las corporaciones y sus intereses. Porque esas seudo-reuniones del G-8, G-20 entre otras, no son sino diálogos para la permisión de los intereses de las corporaciones sobre temas que comprometen el bienestar general. Está toma de decisiones sin la observación de las minorías no hace sino acentuar las problemáticas en las que estas minorías están inmiscuidas.

Habermas propone repensar el orden mundial en este momento histórico de la humanidad, ya que estamos en una expansión de mercados sin precedentes, y el mercado y el estado han sido siempre uno de los motores del desarrollo de la humanidad, así es necesario un nuevo orden que regule esa globalización que hoy día está desenfrenada.

Así pues se debe mantener un diálogo activo entre lo público y lo privado desarrollando políticas de inclusión colectiva global pero sin desconocer las ideas de desarrollo local de cada nación. No es necesario que todos estemos al mismo nivel social pero cada uno de los actores debe estar observando el proceso de reglamentación que se hace sobre lo que afecta su humanidad en el presente y en el futuro.

Así es como está idea de cosmopolitanismo llevada al campo moral no muestra que es necesario apaciguar la insociabilidad y competencia entre los seres humanos, ya que la historia nos muestra con evidencias violentas esas consecuencias de la intolerancia. “A veces los humanos queremos la armonía, pero nuestra naturaleza quiere otras cosas”

Es necesario pensar y articular ese pluralismo de formas de pensar, identidades e intereses en la construcción de una democracia más refinada hacia una política social mundial, con democracias enfocadas en la moral institucional que procure la inclusión de minorías y culturas internas nacionales de cada rincón del planeta

“Es este escenario de la actual crisis del sistema capitalista global y ante la necesidad de crear nuevos paradigmas de funcionamiento sistémico –si no se pretende seguir la actual carrera autodestructiva que acabará no sólo con la humanidad sino también con la vida en el planeta mismo–”

SIEGLIN, VERONIKA (2011) LA TEORÍA DE CRISIS DE HABERMAS: UN ANÁLISIS DESDE LA QUIEBRA DEL MODELO NEOLIBERAL COMO TRASFONDO COGNITIVO

REFERENCIAS

http://spanish.safe-democracy.org/2007/11/01/el-cosmopolitismo-de-kant-y-las-relaciones-internacionales/#sthash.rBuo2WFb.dpuf

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