Algunas De Las Imágenes Poéticas Evocadas por El Yo Lírico De Rilke.

Tiempo de lectura: 4 minutos

El siguiente ejercicio de lectura, será uno centrado en el análisis de algunas imágenes poéticas halladas en Rainer Maria Rilke con su obra La canción del amor y muerte del alférez Christoph Rilke. En primera medida, cabe destacar como las vivencias del autor logran desprenderse de la referencialidad, el yo lírico se desemboca con una fuerza emotiva desde la cual conecta un movimiento creativo del que se desprende cierto fenómeno estético, donde, la dualidad existente entre amor y guerra inician un juego de sensaciones que permiten ver aun con dificultad varios sentidos. Desde luego el presente texto pretende dar cuenta sobre como en el texto se va desarrollando una poética del movimiento.

La primera imagen con la que se encuentra el lector revela ya a personajes en movimiento. En conflicto consigo mismo por las limitaciones que imponen largas distancias, la rutina de lo extenso, y, muy probablemente, la aburrida sensación de repetir caminos. “CABALGAR, cabalgar, cabalgar, de día, de noche, de día (…) Y siempre la misma imagen. Sobran los dos ojos. Sólo de noche a veces se cree conocer el camino (…) El sol pesa en nuestra tierra en los profundo del verano” (Rilke; 1988; 15).
Al continuar el ritmo de lectura es posible notar como el recuerdo se vuelve la clave para comprender el sentido de la estructura poética. En tanto que este podría ser el punto esencial para comprender el sentido de movimiento por el que el yo lirico de Rilke lleva al lector. La figura del alemán memorando a su madre, por ejemplo, trae consigo la imagen de los lejanos. De aquellos por quienes se siente nostalgia una vez realizada la partida, el enigma de regresar o no se vuelve el aire de nostalgia por el ser amado. La imagen que se dibuja en estas líneas, es la de las historias contadas para otros, vivencias que se ven tendidas para ser compartidas. “ALGUIEN habla de su madre. Un alemán sin duda. Sus palabras suenan altas y lentas. Como una joven que recoge flores y prueba pensativa flor tras flor y aún no sabe qué ramo resultará.” (Rilke; 1988; 19 )
Surge luego el silencio, uno en que la ausencia de sonidos no implica la ausencia de las palabras, en donde “de nuevo callan pero llevan consigo las palabras” (Rilke; 1988; 23). La palabra compartida, recobrada, revalorada y meditada. Rainer nos describe el lenguaje de hombres que comparten el dolor de la guerra, el enfrentamiento con y para la muerte. Se presenta por primera vez el juego de los opuestos, sonido y silencio unidos mediante la palabra.

Más adelante cuando el campamento se encuentra tendido sobre el fuego, surge todo un panorama con respecto a la luz, a la pesadez que gira en torno a esta. Se ve esbozado en este segmento un agotamiento que aun incomodo no impide el traslado a mundos imaginarios. La rosa por ejemplo, aparece como el símbolo de los amores sagrados, del lugar retenido en la memoria y el gran deseo de volver a poner la pisada sobre las tierras adoradas y las relaciones dejadas en suspensión. El canto aparece luego como el medio de contemplar el dolor causado por la sensación de soledad. Fuego, rosa y canto, son imágenes que forman en conjunto el sentido de la melancolía.

FUEGO de campamento. Se sientan en torno y aguardan. Aguardan que alguien cuente algo pero están cansados. La luz roja es pesada. Se extiende sobre los calzados polvorientos, (…)los ojos del francesito brillan un momento con luz propia. Ha besado una rosa chiquita y ya puede seguir marchitando junto a su pecho. El de Langeau lo ha visto, no puede dormir. Piensa. Yo no tengo ninguna rosa, ninguna. (Rilke; 1988; 26).

Con respecto al movimiento de estados de ánimo que el lector encuentra durante la obra, podría decirse que se descubre con claridad tres: tranquilidad, frenesí y angustia. Tranquilidad como la rosa, aquella que se contempla en los momentos de historias compartidas, de pensamientos lejanos e imágenes poetizadas. Frenesí como el canto, ahora bien es este uno que surge en el momento de lo que parece ser una fiesta. Esta se muestra como una imagen poetizada por el arrebato de la música. Se presentan en este instante dos opuestos, el estado de la vigilia y el del sueño. “Y HAY uno que está allí, asombrado en aquel esplendor. Y su forma de ser le hace desconfiar de estar despierto. Pues sólo en sueños se ven tales galas y tales fiestas de tales mujeres “(Rilke; 1988;47). El estado de ensoñación se nota aquí como el momento supremo de lo poetizado, puesto que pareciera ser el paréntesis musicalizado de la nostalgia. “UNO que viste blanca seda reconoce que no puede despertar; pues está despierto y perplejo ante la realidad. Así que se acoge con recelo en el sueño y está en el parque, solo en el parque negro.” (Rilke; 1988; 49). La angustia finalmente como el fuego, es posible identificarla como el enfrentamiento con la finitud. Donde el poeta dibuja hombres de guerra con sentimientos de la misma. Estos tres momentos generan la sensación de un movimiento espiritual, en el que se va develando el valor de una posición existencial.

Para terminar cabe resaltar otro símbolo que termina prácticamente siendo uno de los ejes principales a poetizar, la bandera. Ésta pareciera ser el punto en que se une la triada explicada en el párrafo anterior. En el momento que “LENTAMENTE se apaga el castillo”, en que la calma ha regresado. Surge a la vez de forma intempestiva la figura de la llama, el enemigo aproxima, la guerra no ha terminado, el frenesí del vino fue solo un momento suspendido como paréntesis en aquel largo movimiento. En esta parte, Langenau continua en estado de ensoñación por medio de la pasión, la bandera recíprocamente sigue soñando. “El brillo de la luna cruza como un largo relámpago y la inmóvil bandera tiene sombras inquietas. Está soñando.” (Rilke; 1988; 57). La bandera parece convertirse en la imagen de los ideales, de los lazos unidos por causas y dolores comunes, y cuando esta reaparece, se vislumbra con ella la motivación colectiva. La bandera es el símbolo máximo de apasionamiento por lo que es propio, del movimiento desprendido hacia la muerte, hacia lo que quizá pueda ser eterno. “Está ardiendo su bandera en medio del enemigo y se lanzan en pos de ella” (Rilke; 1988; 65).

Referencias

Rilke Rainer Maria; La canción del amor y muerte del alférez Christoph Rilke; Versión española de Jesús Munárriz; Editorial Hiperión; 1988.

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